El verano funciona como un catalizador de problemas. El insistente arribo de veraneantes, visitantes ocasionales y turistas a Tafí del Valle expone problemas que se repiten año tras año y algunos que se agravan con el paso del tiempo. El tránsito es uno de ellos.
Circular por las calles tafinistas en fines de semana como el del Seven de Rugby o el de la Fiesta del Queso (por nombrar dos de los más concurridos de la temporada estival) se vuelve un problema. Miles de vehículos se apiñan en las calles. Y entre ellos hay de todo: autos, camionetas 4x4, motos de distinta cilindrada, colectivos e inclusive caballos (que están prohibidos en la zona céntrica, lo cual no impide que algunos jinetes irresponsables los pasen por la villa).
Así, el tránsito adquiere los ribetes exasperantes de una arteria principal de San Miguel de Tucumán en horario pico.
La Municipalidad de Tafí del Valle recurrió a los semáforos para ordenar algunos cruces complicados, como el que se encuentra en la esquina de Belgrano y Perón, donde están Popey y El Rancho de Félix. También fueron instalados en la esquina de Critto y Perón, donde funciona el Banco Macro. Y en el cruce de la ruta 307 con las avenidas Juan Calchaquí y Franciscanos.
Si bien es cierto que han aportado orden a espacios que no estaban -ni están- preparados para recibir flujos de tránsito tan intensos en poco tiempo, también despiertan algunas quejas. Especialmente el complejo que está en la 307. La mayor parte de los reclamos están vinculados con el tiempo que transcurre entre luz verde y luz verde. Los conductores sostienen que el rojo dura hasta dos minutos y el verde, mucho menos. Entonces, en horarios de gran circulación, hay que esperar hasta dos o tres vueltas para poder pasar.
Una de las derivaciones de este problema es que muchos conductores empiezan a buscar caminos alternativos para evitar los semáforos. Esto genera un incremento en la circulación por las calles internas de barrios como La Costa I y La Quesería.
Más allá de los semáforos, hay otros problemas. De hecho, la ruta 307, entre Tafí y El Mollar parece más una avenida urbana que un camino carretero.
Los giros a la izquierda se han vuelto habituales y la multiplicación de loteos y comercios generan situaciones complejas: en pleno camino conviven los vehículos que circulan a velocidades acordes con las de cualquier ruta con el que va paseando, con el vecino que sale a hacer una compra y con el deportista que trota o pedalea. Así, puede ocurrir una tragedia en cualquier momento. Y si hablamos de desastres (en todos los sentidos), El Mollar cabe perfectamente en esta categoría. Allí, los problemas de tránsito no son una excepción.
Creemos que todas las medidas que tiendan a mejorar la circulación son bienvenidas. Entre ellas, los complejos de semáforos. De todos modos, es importante escuchar los reclamos de los usuarios de los espacios públicos.
El equilibrio entre la decisión política de ordenar el tránsito y la experiencia de quienes circulan a diario puede derivar en el resultado más adecuado para cada situación.